En el primer período del gobierno de Perón-1951-, se había producido un levantamiento militar encabezado por el General Benjamín Menéndez,(creemos por entonces mayor), tío del cobarde militar que se rindiera sin honor en Las Malvinas, es decir, que sin poder completar un mandato el gobierno encabezado por el Gral. Perón, había comenzado a sentir los rigores del rechazo de un sector que jamás aceptó lo expresado democráticamente por el pueblo.
El Diario Democracia en su edición del 29 de setiembre de aquel año, con grandes titulares anunciaba el fallido intento de asesinar a Perón y sus colaboradores, y que varios de los insurrectos habían huido a Uruguay.
Una imponente avalancha de gente ganó la calle, la CGT decretó un paro y movilización. Se escuchó un fuerte discursos del líder peronista, amenazando con fuerte castigo a los responsables del alzamiento, y hasta Eva Perón desde su lecho de enferma dirigió un mensaje. Nunca Perón reprimió con la severidad anunciada a los militares alzados.
El 16 de Junio de 1955, fuerzas aeronavales bombardearon la casa de gobierno, el ministerio de guerra, el palacio de hacienda y a toda la población que se había reunido en ese sector. Fue una masacre que no registra antecedentes en los anales del siglo XX en América.
Una vez más, los cobardes militares que vieron fracasada esta maniobra para derrocar al gobierno peronista, huyeron a Uruguay. En uno de los aviones que bombardearon a civiles inocentes, oficiaba de ayudante de tiro, el luego canciller de Ilia. Miguel Ángel Zavala Ortiz.
Podremos concluir que, Uruguay, históricamente siempre ofició de asilo para todos aquellos que la emprendieron violentamente contra la autoridades nacionales Argentinas.
A las 23 del 16 de junio se reunió el Consejo Supremo El tribunal comenzó a sesionar el 17. Olivieri nombró al vicealmirante Isaac Rojas como defensor. Toranzo Calderón, al contraalmirante Teodoro Hartung.
Ese mismo día fueron indagados Eduardo Massera, Mayorga y Montes (fojas 142 a 174). Al día siguiente, Toranzo Calderón y Olivieri. Entre los testimonios más significativos se encuentran también los de los leales Brunet, Sosa Molina y Valle.
El testimonio de Massera, un oficial de 29 años, revela quizá mejor que ninguno la mendacidad de los conjurados. Massera se transformó en la pieza clave de enlace con la ESMA, para el asalto de la infantería de marina de Dársena Norte a cargo de Argerich sobre la Casa de Gobierno. El tribunal no le creerá una palabra.
Nos permitimos en este punto una pequeña digresión. Recordando que Emilio Massera, fue el mismo que pactó con cierto sector de los montoneros y pretendía erigirse en sucesor de Perón.
El 16 de septiembre de 1955 el general retirado Eduardo Lonardi –hijo de un músico italiano y perteneciente a la rama de artillería– dirige en Córdoba un levantamiento militar que se extiende a Buenos Aires y a otras ciudades.
El movimiento golpista contra el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón recibe apoyo de la marina de guerra al mando del contralmirante Isaac Francisco Rojas. La flota naval bombardea instalaciones de YPF en Mar del Plata y amenaza con destruir la destilería de petróleo de La Plata.
Rojas ha descubierto su repentino antiperonismo después de la insurrección militar del 16 de junio de ese mismo año. Tres años antes, en mayo de 1952, el secretario general de la Confederación General del Trabajo, José Espejo, había realizado una visita a la base naval de Puerto Belgrano.
El jefe de la instalación, el entonces capitán de navío Rojas, le entregó como obsequio la réplica de un mástil con las insignias de la marina de guerra y destacó la satisfacción que le producía la presencia de Espejo porque traía el saludo de los trabajadores.
El oficial naval, que se definía como peronista y había sido edecán de Eva Duarte, brindó por Perón, Evita y la CGT. En sus épocas de asistente militar su servilismo llegaba al punto de ofrecerse para cuidar a los sobrinos de la Primera Dama.
Ni vencedores ni vencidos
El 19 de septiembre Perón ofrece su renuncia y se refugia durante pocos días en la embajada de Paraguay. De ahí, pasa a una cañonera de ese país anclada en Puerto Nuevo.
Cuatro días después, Lonardi asume como presidente provisional de la autodenominada Revolución Libertadora con el lema “Ni vencedores ni vencidos”, y designa al contralmirante Rojas como vicepresidente.
Lonardi, un militar retirado, recto y austero, carece de experiencia política pero tiene claro que su mandato deberá ser breve y buscar soluciones que no excluyan a los peronistas.
El 3 de octubre, Perón vuela en un hidroavión paraguayo rumbo a Asunción. La Revolución Libertadora manifiesta su desagrado al gobierno de Paraguay por la presencia en su territorio del presidente derrocado. El 4 de noviembre, el general Perón abandona el país vecino y viaja a Venezuela. De ahí, se traslada a Panamá, donde estará nueve meses.
Lonardi sólo permanece 50 días en el gobierno. El 13 de noviembre un golpe palaciego lo obliga a renunciar abruptamente. Ni vencedores ni vencidos, su lema conciliador, nunca se pondrá en vigencia.
Los altos mandos quieren participar de todos los resortes del poder y, desde allí, impulsar planes que no tienen nada que ver con la reconciliación. Después, el militar explica: “Comunico al pueblo que no es exacto que haya presentado mi renuncia al cargo de presidente provisional, o que mi salud tenga algo que ver con mi retiro de la Casa de Gobierno. El hecho se ha producido exclusivamente por decisión de un sector de las fuerzas armadas”.
Para nada se repitió la actitud de Urquiza en 1852. Se inició una sistemática persecución a todos los integrantes del partido peronista o simpatizantes del gobierno derrocado. La cárcel para los más notorios, las persecuciones de empleados públicos que habían adherido a Perón estuvo a la orden del día. No sólo se los sometió y humilló, sino que toda la familia de aquellos peronistas sufrió una discriminación y un desprecio que se mantuvo durante muchos años.
Las provincias Eva Perón y Presidente Perón vuelven a ser denominadas La Pampa y Chaco. El economista Raúl Prebisch, director del Banco Central durante la Década Infame, se transforma en asesor de nuevo régimen. Por su intermedio, Argentina inicia su tormentosa relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Ese sector militar es duro y pide revancha. El general Pedro Eugenio Aramburu, jefe del Estado Mayor del Ejército, ocupa la presidencia y confirma al contralmirante Rojas como vicepresidente. Juntos iniciarán una implacable cacería de peronistas, que continuarán gobiernos posteriores. Durante años habrá ganadores y derrotados.
Lo curioso es que Aramburu, que había sido el principal conspirador contra Perón y quien debería haber encabezado la sublevación, consideró en septiembre que no contaba con suficientes fuerzas para el intento. Actuó con cautela, dirán algunos; se comportó como un cobarde, afirmarán otros.
Fue Lonardi, un general que no estaba en actividad y que ya presentaba los síntomas de un cáncer que en cuatro meses lo mataría, quien se arriesgó e inmediatamente asumió el liderazgo. Aramburu, además, se encontraba en Paso de los Libres (Entre Ríos) y, según sus propios camaradas de armas, tuvo una participación bastante deslucida durante la insurrección.
El intento de desmantelar el aparato político peronista se extendió al movimiento obrero. Abandonando la táctica contemporizadora de su predecesor, el gobierno de Aramburu, dos días después de haber asumido el poder y al enfrentar una huelga general ordenada por la conducción peronista de la CGT, declaró el pago ilegal y solicitó la intervención del organismo sindical nacional.
La autoridad sobre la CGT fue confiada al capitán de navío Alberto Patrón, a quien se confirieron los poderes para designar los interventores militares en los sindicatos afiliados.
El gobierno de facto disuelve el Congreso e interviene los gobiernos provinciales, las universidades y los medios de prensa oficiales. De esta forma ingresaron a los sindicatos, todos aquellos civiles que antes habían sido derrotados en las elecciones internas de los distintos gremios.
En 1956 se intentó poner en marcha un alzamiento militar, ayudado por algunos civiles peronistas para destituir al gobierno de facto que presidía Aramburu. Quien encabezó ese movimiento fue el Gral. Juan José Valle, general que se había retirado voluntariamente después de la caída de Perón, uno de los que se unió a ese movimiento fue el general Miguel Iñiguez, profesional que gozaba de gran reputación y que aún estaba en servicio activo, aunque revistaba en disponibilidad, a la espera de los resultados de una investigación sobre su conducta como leal de las fuerzas que operaron en Córdoba.
La conspiración de Valle fue en esencia un movimiento que canalizó el gran descontento de un buen número de oficiales y suboficiales en retiro y en actividad, que desaprobaron el derrocamiento de Perón.
El gobierno de Aramburu tenía conocimiento que se preparaba un movimiento contrarrevolucionario. Es por ello, que se firmaron decretos sin fecha y fueron dejados en manos del vicepresidente Rojas decretando la ley marcial, si las circunstancias lo exigían.
Por ello, Aramburu por prevención o quizás por cobardía, viajó hacia el interior, visitando Regimientos de Santa Fe y Rosario.
Los rebeldes iniciaron el levantamiento entres las 23 y la medianoche del sábado del 9 de junio de 1956, logrando el control del regimiento 7 de infantería con asiento en La Plata y la posesión temporaria de varias radioemisoras, en algunas ciudades.
En Santa Rosa los rebeldes coparon rápidamente el cuartel general del distrito militar, el departamento de policía y el centro de la ciudad. En el área de Capital Federal, sin embargo, debido a que estaban alertadas las fuerzas que apoyaban a Aramburu, pudieron desbaratar el intento de copamiento de la Escuela de Mecánica del Ejército y la Escuela de Sub. Oficiales de Campo de Mayo.
La insurrección del 9 de junio fue aplastada con una dureza que no tenía precedentes en la historia argentina moderna.
Se ordenaron ejecuciones al culminar las acciones de represión del conato de rebelión.
El gobierno decretó que cualquier persona que perturbara el orden público, con armas o sin ellas, sería sometida a juicio sumario y pasada por las armas.
Durante los tres días subsiguientes, a pesar de la supresión de la pena de muerte del código de justicia militar, veintisiete personas, (18 militares) y nueve civiles, enfrentaron los escuadrones de fusilamiento.
¿Como se explica este derramamiento de sangre? Un crítico lo considera un acto deliberado, instigado por la oligarquía, para poner cuña “entre las Fuerzas Armadas y el peronismo, entre las fuerzas y el pueblo”. Antes del de 9 de junio la llamada revolución libertadora era un hecho cancelable. Después del 9 de junio aparecerá como irreversible.
De esta forma comenzó una larga etapa de odios, rencores, desencuentros y profunda división en el pueblo argentino. A pesar de todos los esfuerzos de los militares golpistas, cobardes y traidores, ayudados todos ellos por civiles que no pudieron derrotar en las urnas al peronismo, tampoco lograron torcer un sentimiento, pues tal es la forma en como se expresó durante muchos años el verdadero peronismo.
A ese peronismo no lo voltearon aquellos incomprensibles asesinos y sus colaboradores civiles, incapaces de entender una nueva concepción social, al verdadero peronismo lo fueron desarmando varios de sus propios integrantes, que lentamente y a causa de apetencias inconfesables, envidias, mezquindades e infiltración de extrañas ideologías, dilapidaron una importante posibilidad transformadora, que la historia había puesto en disposición.
Es cierto que el advenimiento de Perón, dio paso a excesos y errores. Pero no es menos cierto, que todo ello, si se hubiera tratado dentro de un marco institucional, pudo haber cambiado positivamente el destino de nuestra República.
Hoy se cumplen 51 años de aquel suceso, sabemos que la mayoría de los medios, gobierno e instituciones no gubernamentales, están dedicados a otra circunstancia represiva, producida por la dictadura militar de 1976. Pero, debido a que la memoria tiene que ser completa, así como reflejamos el derrocamiento de Irigoyen, quisimos traer una pequeña síntesis de otro hecho también ocurrido en el siglo XX, y sobre el que todavía no se han terminado de cerrar debidamente todas sus circunstancias.
Fuentes: Enlaces, archivos propios, bibliografia de Robert A Potash.
Nota:Luciano Benjamín Menéndez nacio en de junio de 1927 en San Martín, Provincia de Buenos Aires, es un militar argentino que alcanzó el grado de General, que durante la dictadura militar llamada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) desempeñó altos cargos, entre ellos Comandante del Cuerpo III de Ejército, con sede en Córdoba, desde septiembre de 1975 hasta septiembre de 1979. Entre los centros clandestinos que estuvieron bajo su mando se encuentran la Perla, la Escuelita de Famaillá, etc.
Fue indultado por el presidente Carlos Menem en 1989. En 2004 la justicia declaró inconstitucional el indulto y fue procesado por delitos de lesa humanidad.