Hoy se cumplen 30 años del cruel atentado contra decenas de personas, que tomaban el almuerzo en el comedor de la Superintendencia de la Policía Federal Por estos tiempos, desde el gobierno se han condenado distintas circunstancias emergentes del terrorismo de estado.
El 2 de julio a las 13 y 20 horas, explotó un artefacto de alto poder en el comedor del personal de la superintendencia de Seguridad Federal, Policía Federal Argentina, sito en la planta baja del edificio ubicado en Moreno 1417, de la actual ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Como consecuencia de la explosión fallecieron 18 personas-inicialmente- y hubo 66 heridos, muchos de ellos con severas mutilaciones, y algunos en relación a la gravedad de las heridas recibidas, tiempo después murieron.
El diario “La Prensa” decía el día 3 sobre el terrible hecho:
Cabe señalar que la entrada a ese edificio es severamente controlada en la guardia de la planta baja, y quienes entran, inclusive los periodistas acreditados ante la jefatura, deben registrarse en un libro y dejar su documento de identidad (un hecho casi rutinario por aquellos días, para la entrada a cualquier edificio público).
Mas adelante, sigue el matutino porteño
“ La destrucción del comedor y dependencias contiguas fue casi total, y las personas presentes que llegaban casi a un centenar, rodaron por el piso”
Tiempo después en el reportaje que la revista española “Cambio 16”, le hizo a Horacio Mendizábal y Ana María González, a propósito del atentado contra el General Cardozo, Mendizábal habla de ese atentado en el comedor de la Policía Federal y dice: “La colocación de la potente bomba que destrozó el comedor de la Superintendecia de Seguridad Federal, ofrece características similares a la “Operación Cardozo”, aunque el explosivo era sensiblemente mayor.
Nueve kilos de trotyl y cinco kilos de bolas de acero, accionadas por un dispositivo de relojería, introducido en el edificio por un compañero que estaba infiltrado y que había realizado días atrás una prueba con un paquete similar, pero inofensivo. Cuando vimos que todo andaba bien se lanzó la operación que también sirvió para demostrar la alta moral y serenidad de nuestros combatientes, porque el compañero accionó el dispositivo luego de terminar su almuerzo en el propio lugar que luego volaría, y se retiró para ello con 7 minutos de anticipación.
Era éste parte de aquel reportaje, que tan “ilustres” héroes de la libertad brindaban sin ningún tipo de arrepentimiento a los cronistas españoles.
El 19 de julio el Ejército cercó al jefe del ERP, Roberto Santucho, en un departamento ubicado en Villa Martelli. Santucho había dejado el monte tucumano, donde la guerrilla rural estaba vencida y se encontraba en ese lugar con un lugarteniente, Benito Urteaga. Santucho se disponía viajar a Cuba. El operativo del ejército lo encabezó el capitán Juan Carlos Leonetti.
El enfrentamiento culminó con la muerte del capitán Leonetti, Santucho, Urteaga y tres guerrilleros.
Con el anterior relato, podemos inferir que la lucha en nuestro país era intensa y podía calificársela como una guerra, dentro de los términos internacionales, que en esa época regían, de acuerdo al tratado de 1949 celebrado en Ginebra, y recién modificado en 1979.
Hechos, que desde el punto de vista humano, por cierto, son condenables e injustificables.
Tanto los actos de terrorismo cometidos por individuos que respondían a teorías políticas inaplicables en nuestro país, así como las acciones que para repelerlas se llevaron a cabo, en principio, por orden directa emanada de distintos decretos firmados por autoridades del gobierno democrático instalado en 1973; luego ejercitadas por la dictadura instalada en marzo de 1976, deben ser repudiadas y condenadas.
Pero lo importante en todo este pandemónium de desencuentros, crímenes, torturas, infamias, robos, apoderamientos de niños, y el resto de atrocidades cometidas de uno y otro lado, deben ser conocidas en forma integra por los integrantes de la sociedad que no habían nacido en ese tiempo o que no tenían discernimiento por su corta edad.
Hasta el presente sólo hemos escuchado desde la instalación del gobierno de K, una sola de las campanas. Es hora que desde otros puntos se sumen aportes para un total esclarecimiento y quizás de esta forma podamos cerrar esta cadena interminable de revancha, odio y rencor, que parece últimamente haber recrudecido.
Una acción interesante a considerar, sería la recuperación total de la memoria en lo que se refiere a los hechos de terror vividos en la década del 70, y no mantener esta “memoria sesgada”, que obnubila mentes y confunde conciencias hacia un desastroso futuro.
Otro interesante aporte documental, con relación al atentado señalado en párrafo inicial, lo brinda un escrito presentado ante la jurisdicción por: Hugo Raul Biazzo
La ejecución.
Inteligencia de Montoneros decidió que en el mes de marzo de 1976 se incorporara a la Policía Federal, como “agente-colimba”, el “miliciano” Juan Carlos Salgado, quien por sus funciones tenía la posibilidad de almorzar en el comedor de la Superintendencia elegida. Y Walsh y Verbitsky determinaron trabajar sobre el infiltrado impartiéndole las siguientes instrucciones:
-Reunirse diariamente con sus superiores, en el caso ellos mismos, para facilitarles información sobre el funcionamiento de la Superintendencia y los nombres de los jefes principales.
-Robar documentación, como planillas, en la que figuraran domicilios, teléfonos, mapas, planos del edificio, para determinar dónde y cómo ubicar el explosivo.
-Determinar los horarios de entrada y de salida del personal, con sus respectivos vehículos y la forma de interferir las comunicaciones, para lo que tenían los medios adecuados.
Siguiendo las instrucciones Salgado les comunicó a aquéllos que al comedor no concurrían jefes policiales importantes; que quienes lo hacían eran, en su mayoría, personal civil y de baja graduación, preeminentemente personal femenino de la sección administrativa.
No obstante ello, Walsh y Verbitsky le indican a Salgado que el explosivo que debería colocar sería una bomba del tipo vietnamita, comenzando éste a prepararse trabajando con expertos en explosivos. Aquéllos se inclinaron por ese tipo de bombas por la onda expansiva que producen y la gran cantidad de bolas de acero que contienen, por lo cual, si no matan, producen discapacidad permanente en las víctimas.
Hoy, Walsh está en la galería de los mártires y Verbitsky, es uno de los hombres de confianza del actual presidente.
Es imposible sostener con tales elementos, circunstancias de equilibrio en los juicios de apreciación de la historia. Los que fueron asesinos de uno y otro bando, merecen ser juzgados de la misma forma. Mientra ello no ocurra, será muy dificil
“consolidar la paz interior, para nosotros y para todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar suelo argentino”
Fuentes: Archivos propios y link señalado.