En las culturas del Próximo Oriente Antiguo son los dioses quienes dictan las leyes a los hombres, por eso, las leyes son sagradas.

En este caso es el dios Samash, el dios sol, dios de la Justicia, quien entrega las leyes al rey Hammurabi de Babilonia (1790-1750 a. C.), y así se representa en la imagen que figura sobre el conjunto escrito de leyes. De hecho, antes de la llegada de Hammurabi al poder, eran los sacerdotes del dios Samash los que ejercían como jueces pero Hammurabi estableció que fueran funcionarios del rey quienes realizaran este trabajo, mermando así el poder de los sacerdotes y fortaleciendo el del propio monarca.
Los controles de precios tienen en el mundo como mínimo 4.000 años de fracasos. Veamos rápidamente unos pocos ejemplos. Se cree que Hammurabi fue rey de Babilonia entre 1790 y 1750 antes de Cristo. El código de Hammurabi impuso un rígido control de precios y salarios. En su artículo 268 dice: “si un hombre ha alquilado un buey para la trilla, dará por el alquiler veinte ga de maíz”.
De lo anterior podemos inferir que desde la antigüedad, como se ha dicho en varias oportunidades y por destacados especialistas en temas económicos, los controles de precios no han funcionado.
Hay otros antecedentes, relacionados en cuanto a la época y situación: En la China Antigua había un jefe de comerciantes por cada veinte negocios o tiendas, cuyo deber era fijar el precio de cada artículo en base a su costo. Mientras que en el año 321 antes de Cristo, en la India, el superintendente determinaba las ganancias de cada prostituta. La belleza y el talento eran los únicos atributos que debían tomarse en cuenta al seleccionar una prostituta. ¿Le estaremos dando ideas a Moreno?
El emperador Diocleciano vivió en momentos de profunda crisis económica e hizo por primera vez intentos racionales de controlar la economía y los precios.
El Edicto de Precios de Diocleciano (“Edictum de maximis pretiis rerum venalium”) fijaba precios máximos para más de mil trescientos productos y también establecía el costo de la mano de obra para producir esos artículos. La pena para quienes violaran el edicto era bastante dura (“…si alguno tiene la osadía de actuar contra lo dispuesto en esta norma, será condenado a pena capital…”), pero el edicto fracasó. Las consecuencias fueron la desaparición de productos de los mercados, la aparición del mercado negro y la agravación de las subidas de precios.
El Imperio Romano, no cayó por haber fracasado en el control de precios, cayó por otras circunstancias que la historia nos ha relatado y de las cuales no viene al caso señalar. Los ejemplos que estamos volcando, son simplemente una síntesis muy apretada del triste final que siempre han tenido este tipo de medidas, fundamentalmente por afectar uno de los valores por lo que mas ha luchado el hombre, la libertad.
Durante la Segunda Guerra Mundial se estableció en los Estados Unidos una oficina de control de precios que elaboró una lista de productos sometidos a control y exigió autorización previa a cualquier modificación en los precios. Algunos fabricantes de productos incluidos en la lista acababan de subir sus precios por lo que la medida no les perjudicaba mucho; otros, más previsores o mejor avisados, habían procedido a una subida más fuerte de lo necesario por lo que tenían garantizados los beneficios aunque las medidas de control permaneciesen mucho tiempo; los demás estaban desprevenidos, con precios muy antiguos, por lo que se les estaba condenando a fuertes pérdidas.
La primera medida de los fabricantes para evitar las pérdidas consistió en disminuir la calidad de los productos. Después empezaron las presiones en la oficina de control de precios, la presentación de cuentas que demostraban que si no se les permitía subir los precios se verían obligados a cerrar la fábrica… Los burócratas de dicha oficina (entre ellos se encontraba nada menos que Kenneth Galbraith que fue quien lo contó para enseñanza de la posteridad) no tuvieron más remedio que ir cediendo poco a poco, por lo que su trabajo resultó poco menos que inútil.
Los subsidios de estado para mantener bajas las tarifas de los servicios públicos, ¿no se asemejan en algo a este tipo de estrepitosos fracasos que los archivos nos brindan? ¿Finalmente quienes son los que asumen el costo de dichos subsidios?
En el comunismo soviético parecía poder superarse este problema, pero no fue así. Los precios artificialmente bajos de algunos productos implicaban un rápido agotamiento de la oferta. Las colas para adquirir productos básicos eran muy frecuentes. Ciertamente, el pan era muy barato, pero había que estar una hora en cola para comprarlo ¿Qué valor tiene una hora perdida en la cola del pan? Además, como los productores de trigo recibían un salario igual fuese cual fuese la demanda y la calidad de su producto, el estímulo económico tenía que ser substituido por una fuerte presión e incluso represión ¿Cuál era el costo de la policía necesaria para forzar la producción de pan?
¿El comunismo colapsó como filosofía política por haber sucumbido en el control de precios? No, la caída del comunismo fue por coartar la posibilidad al ser humano de expresarse, desarrollarse de acuerdo a sus íntimas convicciones.
Millones de personas saben acerca de las atrocidades de los nazis. Relativamente pocos han prestado atención sobre lo ocurrido a millones de apresados, torturados y asesinados por los sistemas comunistas. Sin embargo por estas tierras le seguimos prestando atención, a alguien que llegó al poder para cambiar un oprobioso sistema de injusticias. La realidad indica que la mayor aspiración de miles de Cubanos, es emigrar de la isla.
Lo que la gente sabe es que el Comunismo fue un desastre económico. Incluso durante los años 20, los economistas más sagaces argumentaban que las economías comandadas jamás podrían funcionar. Dijeron que era sencillamente imposible que un grupo de planeadores conociera toda la información de oferta y demanda que contienen las economías libres en el mecanismo de precios.
Es tentador creer que los enemigos económicos del comunismo fueron los responsables de su desplome. Sin embargo, la permanencia del comunismo en Corea del Norte y Cuba indica que un sistema económico atrapado en la inmovilidad no es una garantía de que los tiranos pierdan el poder.
La libertad auténtica crea vida, el totalitarismo, el populismo, la degradación de los valores institucionales producto del contagio corrupto en sus actores es el camino a la destrucción de los cimientos de una nación.
Una cultura de características similares a la del comunismo, en cambio, lleva en sí misma la semilla de su propia autodestrucción.
Gracias a los conocimientos que tenemos actualmente de las leyes de funcionamiento del mercado, los medios de que disponen los gobiernos para controlar las subidas de precios son mucho más sutiles y poderosos. Las autoridades económicas disponen de instrumentos fiscales y monetarios para controlar la demanda y la oferta sin por ello distorsionarlas, es decir, haciendo que los precios se mantengan en relativo equilibrio, con los reales ingresos de la población, sin alterar el libre juego de las fuerzas del mercado.
Está probado que en nuestro país, el mercado, no ha sido una garantía de libre desarrollo.
La sujeción artificial de los precios por medio de la coacción de los funcionarios del gobierno, tampoco nos brinda la garantía de encauzar una economía que hace varias décadas navega con fuertes oscilaciones en un mar de tormentas-la mayor de las veces autoprovocadas-
Nuestro pueblo, como muchos otros que integran el mundo, finalmente encontrará su camino de grandeza. Las torpezas, atrocidades de seudoiluminados desenterradores de fracasadas teorías, no podrán atrasar el reloj que desde los albores de 1800 señalaron nuestro destino.



